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lunes, 16 de enero de 2012

Alan Watts y South Park: "Music and life"


Hace unos años pocos años Trey Parker y Matt Stone, creadores de la corrosiva y popular serie de dibujos animados South Park, se encargaron de plasmar en imagénes varias charlas ofrecidas por Alan Watts en diferentes universidades. El resultado fue una serie de cortometrajes animados que de forma maravillosa dio vida a las ideas y palabras del pensador inglés. El encuentro entre dos mundos tan diferentes entre sí como son el de Alan Watts y el de South Park parecía de antemano un disparate. Por un lado, un respetado filósofo especializado en religiones orientales; por otro, los responsables de una de las series más caústicas e irreverentes de la historia de la televisión. La colaboración, no obstante, resultó ser todo un éxito y demostró una vez más que la espiritualidad oriental no está reñida con la ironía y el humor.



                                            Watts, visto por los creadores de South Park

Estrenada en Estados Unidos en 1997, South Park narra las vivencias de cuatro niños en una provinciana ciudad de la América profunda. La serie se caracteriza por un lenguaje obsceno y un sentido del humor cruel y zafio que ridiculiza el american way of life y arremete contra todos: demócratas, republicanos, capitalistas, comunistas o ecologistas. No es extraño, por lo tanto, que a lo largo de las catorce temporadas que lleva ininterrumpidamente en antena haya cosechado tantos premios como polémicas. La religión, -aspecto ya de por sí delicado- ha sido uno de los temas preferidos por los guionistas para provocar y herir sensibilidades. Así, por ejemplo, han llegado a mostrar a Jesucristo mirando pornografía o a Buda esnifando cocaína. En la novena temporada, Cartman, uno de los niños protagonistas quiso exterminar a los judíos y en la décima filtrearon incluso con la posibilidad de mostrar una imagen de Mahoma, algo totalmente prohibido por la religión musulmana. El recuerdo de los disturbios generados en todo el mundo por unas viñetas publicadas por un periódico danés y en las que aparecía una caricatura de Mahoma era muy reciente y esto fue aprovechado por los guionistas para plantear un peligroso juego entre realidad y ficción. En la propia trama del episodio los habitantes de South Park son presas del pánico ante la posibilidad de que finalmente se emita la imagen del profeta. Finalmente la imagen fue omitida y en su lugar apareció un mensaje de la cadena censurando la escena. Más allá de si  este mensaje era en realidad una broma que formaba parte del episodio o fue producto de una censura real, tanto Parker como Stone demostraron ser muy valientes -o temarios- al jugar con un tabú tan peligroso. Otro episodio también muy recordado tenía como protagonista a Tom Cruise. En él, uno de los protagonistas de la serie, Stan, es reconocido como la reencarnación del fundador de la iglesia de la Cienciología L. Ron. Hubbard. Mientras, Tom Cruise se encierra en el armario de Stan y se niega a salir, pesar de que varios personajes le piden con retintín "que salga del armario", en clara referencia a los rumores sobre su homosexualidad.

Volviendo de nuevo a los cortometrajes animados de T. Parker y M. Stone, las breves piezas recrean reflexiones y charlas de Alan Watts acerca de la sensación de separación y desconexión del ser humano respecto a su propio cuerpo (en uno titulado "I) o a la naturaleza ("The earth is People-ing"). Pero de entre todos destaca uno titulado "Music and life".




En poco más de dos minutos Watts sintetiza la vida de una persona desde que nace hasta que muere. La muestra como una absurda y frenética carrera para llegar a una especie de lugar sagrado y anhelado llamado "éxito". El agobiado protagonista va pasando por la guardería, el instituto, la universidad y el trabajo como si fuera una alocada gincana hasta que finalmente llega exhausto a allí, a lo más alto del edificio de oficinas, al “éxito” y comprueba que "no te sientes muy diferente a cómo te sentías". Watts quiere enseñarnos aquí lo equivocados que estamos en Occidente al concebir la vida como una desesperada carrera, con un comienzo, un desenlace y un final, cuando la analogía correcta debería ser la de una composición musical, donde lo importante no es el final sino disfrutar de todos y cada uno de los momentos. "En música uno no hace del final de una composición el motivo central de la composición" afirma. "De igual forma en la vida no debemos olvidar cantar y bailar a cada momento". Los creadores de South Park supieron captar de forma maravillosa el espíritu y el tono de este reflexión y con su característico trazo infantil le dieron a los dibujos un tono entre didáctico y divertido. No obstante, este cortometraje no es tan inocente como parece a simple vista. Las reflexiones de Watts solían poner en entredicho los valores y el funcionamiento la sociedad En este caso, Music and Life lleva implícita una fuerte carga de crítica al sistema y a la sociedad de consumo en su conjunto, que, por su propia lógica inherente, arrebata al niño su presente y lo sustituye por un objetivo que no deja de ser un espejismo. Este objetivo ilusorio hace el papel de liebre mecánica y los ciudadanos corren detrás de ella como galgos ansiosos. Nunca la alcanzarán pero el sistema ha obtenido lo que quería: ciudadanos disciplinados y obedientes que no se salen del carril delimitado.   No es casuali que esta crítica al sistema provenga de un pensador tan familiarizado con las filosofías y las disciplinas orientales. El yoga, la meditación o el tai chi pueden aportar a largo plazo cierta claridad para ver el mundo y las cosas tal como son, y entre ellas las propias imposiciones de esta sociedad de consumo entregada al dinero y el materialismo compulsivo.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Alan Watts y la abstracción del dinero

El genial Alan Watts nos ilumina acerca de la naturaleza del dinero con unas palabras pronunciadas hace más de 30 años en una conferencia  y que frente a la convulsa situación económica que vivimos están más vigentes que nunca.



El famoso pensador inglés Alan Watts dijo en una conferencia:
"En muchas de las diferentes dimensiones de la vida vivimos un estado confusión total entre símbolo y realidad. [...] Recuerden la gran depresión; un día todo el mundo hacía negocios, las cosas estaban bastante bien y al día siguiente habían colas para hacer pan. Era como si alguien hubiera ido al trabajo y al llegar le hubieran dicho `Lo sentimos amigo, pero hoy no se puede seguir construyendo. Ninguna construcción puede seguir, no disponemos de los suficientes centímetros´ Y el trabajador diría: ¡¿Qué quiere decir que no disponemos de los suficientes centímetros?! Tenemos madera, ¿no es así? Tenemos metal, incluso tenemos cinta métrica' Le habrían respondido: "`Sí, pero es que usted no entiende el mundo de los negocios. Lo que ocurre es que no disponemos de suficientes centímetros, hemos utilizado demasiados' Por absurdo que pueda parecer, eso es exactamante lo que sucedió en la Depresión, porque el dinero es algo del mismo orden real que los centímetros, gramos, metros, kilos o líneas de latitud y longitud. Es una abstracción. Es un método de contabilidad para obviar el incómodo procedimiento del trueque. Pero nuestra cultura, en realidad toda nuestra civilización, está completamente colgada de la noción de que el dinero cuenta con una realidad propia independiente".




Esta reflexión de Watts, hecha hace ya más de 30 años, cobra más sentido que nunca con la actual crisis mundial y pone de manifiesto la asombrosa lucidez y perspicacia de su pensamiento. Si algo caracteriza esta crisis económica es su naturaleza abstracta, etéra, indefinida. Todas las noticias hablan de rumores, bonos basura, primas de riesgo y acciones que fluctúan. Meros números que parpadean en una pantalla de ordenador. El hombre efectivamente creó el dinero para facilitar el intercambio comercial pero poco a poco, impulsada por la propia lógica insaciable del capitalismo, el dinero ha ido dominando al hombre hasta desembocar en la situación que vivimos hoy en día. Una situación entre absurda y dramática. ¿Cómo explicar sino que miles de personas honradas deban vivir en la calle mientras abundan los pisos vacíos? En teoría un selecto grupo de hombres malvados y sin remordimientos controlan el mundo desde las sombras. Pero esto sólo es verdad en parte. Ellos también son esclavos del sistema y de la noción del dinero; nunca tienen suficiente. Ya no se trata de comprar más casas, más aviones, más lujos, sino de amasar dinero. Un dinero que ni siquiera se transforma en papel, sólo es un número en una cuenta. Son adictos al subidón de adrenalina que experimentan cada vez que multiplican sus beneficios pero, de manera parecida a un cocainómano o  a un ludópata -de hecho en estos casos se activan las mismas áreas del cerebro vinculada a las adicciones- no tardará en necesitar más acción. La prueba incontestable de que ellos también son esclavos del sistema es que con su actitud voraz e irracional están poniendo en serio peligro las bases y reglas que les permiten a ellos vivir como unos auténticos privilegiados.  El sistema tiene vida propia, no hay ninguna persona al frente. Como un tren de alta velocidad que descontrolado se aproxima al abismo y sin ningún conductor a los mandos.